martes, 6 de octubre de 2009

LA LOZA BARCELONESA

La cronología de los primeros ejemplares de loza decorada con óxidos de cobre y de manganeso en los diversos centros de la Península Ibérica donde se ha podido demostrar su elaboración ha suscitado entre los investigadores de la cerámica española una cierta controversia no exenta de visos de "chauvinismo", en la que se han dado mezcla cuestiones científicas y emocionales, a partes iguales. Se trata de demostrar que "nuestra loza" es anterior a la "vuestra" y que, por lo tanto, "a vosotros nada os debemos". Para ello no se ha dudado en interpretar sui generis los resultados de una intervención arqueológica, en hacer lecturas sesgadas e interesadas de la documentación escrita, y así un largo etc. de medias verdades y suposiciones que, en lugar de clarificar las cosas, dan como resultado todo lo contrario. Por ejemplo, mientras que para unos la loza "en verde y manganeso" de Paterna y Manises sería una continuación de las producciones islámicas (con lo cual se evitaría cualquier relación con todo "lo catalán"), para otros, la loza elaborada en aquellos dos importantes centros alfareros formaría parte de la producción de "loza catalana". Es evidente que ni lo uno ni lo otro se ajusta a la realidad.

La loza no se ha librado de su manipulación política al considerarse como "símbolo de identidad" de comunidades humanas, cuando en realidad demuestra, como lo hacen las demás artes, lo que se puede lograr cuando se mezclan influencias procedentes de diferentes culturas.

En las producciones de cerámica catalana distinguimos cuatro categorías diferentes:

loza o obra blanca (con barniz estannífero o sin él), realizada por los “escudellers”, oficio que se consolida a lo largo del siglo XV (anteriormente esta producción fue obra de los “ollers blancs” o de los “gerrers-blanquers”
porcelana (producciones industriales de mediados del s.XIX, en adelante)
gres y productos refractarios (producciones industriales de mediados del s.XIX, en adelante)
alfarería (con barniz plumbífero o sin barniz)
ladrillería (obra de “rajoler”): baldosas sin barniz y tejas

En este blog sólo nos ocupamos de las producciones elaboradas a partir del siglo XIII y, concretamente, de la producción barcelonesa. Debido a nuestra falta de conocimientos sobre el tema, no abordaremos las producciones islámicas del s. XIII elaboradas en la zona correspondiente a la parte occidental de Cataluña, fronteriza con Aragón.

La historia de la loza catalana se inició, según recientes hallazgos, hacia fines del siglo XII – primer tercio del siglo XIII, y continuó sin interrupción hasta mediados del siglo XIX. El centro productor más importante fue, sin duda, la ciudad de Barcelona. También destacaron Reus y Lleida, y en menor importancia, Vilafranca del Penedés, Manresa y muy tardíamente, Esplugues de Llobregat. Se dice que hubo producción de loza a nivel local en Valls, Girona, Vic, Tarragona, Terrassa y Solsona, pero los indicios aún son muy escasos.

Conocemos muy bien la producción de Barcelona, parcialmente bien las de Reus, Lleida y la muy tardía de Esplugues de Llobregat, y muy poco la del restos de poblaciones citadas. En cuanto al resto de lugares mencionados, sólo hay indicios documentales, piezas de atribución dudosa halladas en sus entornos y poca cosa más. Lo anteriormente expuesto nos lleva a formularnos una pregunta inicial: ¿existió verdaderamente una cerámica "catalana"?

Partamos de la base que un porcentaje altísimo de la loza catalana que circula en el ámbito del coleccionismo, que se expone en las vitrinas de los museos y en las colecciones privadas o que se recupera en las excavaciones arqueológicas es de procedencia barcelonesa, y que tan sólo una pequeña parte corresponde a producciones elaboradas en otras localidades catalanas, especialmente en Reus y en menor proporción, Lleida. Los otros centros productores debieron tener un mercado muy restringido, local o como mucho comarcal. De momento, sólo se conocen exportaciones de loza barcelonesa y, en mucha menor cantidad, de Reus. Además de todo lo expuesto, los otros centros catalanes productores de loza copiaron, imitaron o se inspiraron claramente en Barcelona. También, del centro aragonés de Muel por lo que se refiere a las producciones de Lleida.

Y ya que hablamos de fuentes de inspiración, siete fueron a lo largo de los siglos las zonas ceramistas de las cuales la loza catalana recibió influencias:

Italia: de la Liguria (Génova, Savona...) en los siglos XIV, XVII y XVIII, de la Toscana (Pisa, Montelupo) y Deruta en el siglo XVII
levante español (Manises) en los siglos XV y XVI, y Alcora (s.XVIII)
Talavera, a finales del XVI y primer tercio del XVII
Muel (en la producción de Lleida de la segunda mitad del siglo XVII)
Francia (Moustiers) a partir de 1729, indirectamente a través de las producciones de Alcora.
China, indirectamente, a través de las producciones italianas y talaveranas.
Delft, indirectamente a través de las producciones talaveranas, aunque no hay que descartar una influencia directa, ya que los azulejos barceloneses de “artes y oficios” parecen inspirarse en la azulejería de Delft de finales del siglo XVI y primer tercio del XVII.

Así, pues, más que hablar de una genuina "loza catalana" habría que hablar de loza barcelonesa con influencias de otros centros, según las épocas; por esto, Barcelona nos proporciona la clave para estudiar el resto de producciones catalanas.

El principal mérito de la producción de loza en Cataluña es que supo aglutinar influencias muy diversas que le llegaron desde importantes centros ceramistas, gracias a las cuales logró crear unas series cerámicas propias dotadas de una fuerte personalidad. Nunca se buscó la imitación ni la copia servil.

La loza catalana fue muy popular en su tiempo, siendo consumida en grandes cantidades incluso por la población de más bajo nivel de renta.

Barcelona (y Reus) produjeron pocas piezas "de lujo", pero especialmente la primera fue capaz de exportar sus producciones cerámicas hasta mercados tan difíciles para la compra de loza catalana como Egipto, Túnez, Valencia, las islas Británicas, las islas Canarias, el sur de Francia e Italia, algunos de ellos productores a su vez de loza de mayor prestigio que la catalana.

Centrándonos ahora en la producción de Barcelona, observamos que, en general, el color de fondo blanco de la loza es aceptable en las producciones de finales del siglo XIII y XIV, muy deficiente en las piezas azules del XV y XVI, algo mejor en la producción dorada del XVI y XVII y en la loza azul y policroma del XVII, y bastante bueno a partir de la segunda mitad del XVII hasta el final de la producción en el siglo XIX. En el aspecto más o menos blanquecino de las piezas influyó mucho la composición de la arcilla.

Al ser la de Reus una arcilla más calcárea que la de Barcelona, sus producciones son de un blanco más opaco que las barcelonesas, ya que en éstas tiende a transparentar el tono rosado de la arcilla. También debió influir la calidad del plomo y del estaño, según el lugar de procedencia de estas materias primeras, siendo especialmente apreciado el estaño procedente del comercio con las islas Británicas, que fue intenso en el siglo XIV. Todo parece indicar que en la segunda mitad del siglo XVII se importaba estaño y cobalto a través de mercaderes holandeses.

Por lo que se refiere a los colores, tras una producción en que predominaron los dibujos morados elaborados con óxido de manganeso (a veces con complemento de tonos verdes) se pasó al uso del óxido de cobalto (color azul). Este color, introducido masivamente por los maestros valencianos instalados en Barcelona hacia 1440, fue el favorito en las producciones catalanas hasta el siglo XIX. Sólo en los siglos XVI y XVII el color dorado rivalizó con las producciones azules, y en el siglo XVII, además del dorado y azul, se utilizó también ampliamente la policromía. De manera que los colores de la decoración han sido una buena fuente de información para datar las producciones catalanas.

Tradicionalmente, la loza catalana se ha clasificado desde diversos puntos de vista, cosa que ha dificultado enormemente su estudio a nivel general: según el color de la decoración (loza azul, dorada, policroma), según la influencia recibida (influencia francesa, influencia italiana, influencia de Savona...), según algunos motivos decorativos que se popularizaron gracias al comercio de antigüedades (piezas de la "ditada", de la "corbata", de "pincel-peine de tres puntas", de la "butifarra"...) y según el centro (o posible centro) productor (cerámica de "Poblet", de "Banyoles", de "Manresa"...)

He aquí las producciones de loza catalana desde fines del siglo XIII hasta finales del XIX:
monocroma decorada con morado de manganeso solo, y bicolor con verde de cobre. (siglo XIII - inicios siglo XV) Existe una pequeña producción monocroma azul que imita la anterior, en morado, que se fecha de hacia finales del siglo XIV a inicios del XV, todavía poco estudiada.
monocroma azul de influencia de Paterna/Manises, seguramente elaborada por los maestros escudilleros valencianos instalados en Barcelona a partir de 1440. Esta producción prosiguió luego ya sin su presencia en Barcelona. Se imitó luego en Reus y en Vilafranca del Penedés. Esta loza azul se fecha de hacia el segundo tercio del siglo XV hasta inicios del XVII. Existe también una pequeña producción en manganeso solo que imita estas series azules, muy poco conocida, que debería datarse de hacia el segundo tercio del siglo XV hasta inicios del siglo XVI.
monocroma azul, imitación de la loza dorada. En Cataluña, durante el siglo XVI convivieron la loza azul y la dorada. Es lógico que hubiera intercambio de motivos decorativos. Destacamos las piezas azules decoradas con el pincel de tres puntas y, posteriormente, una producción azul, más elaborada, decorada con motivos tales como roleos, zarcillos o figuras humanas o de animales, característica de la segunda mitad del siglo XVI y de inicios del XVII.
monocroma dorada o de "reflejo metálico". Se empezó su elaboración en Barcelona (tal vez hacia 1440) y luego en Reus (hacia 1540) y Vilafranca del Penedès (segunda mitad del siglo XVI-inicios del XVII) y acaso Vic y otras ciudades, a imitación, siempre, de Barcelona. Hacia el segundo tercio del XVI aparece la decoración pintada con el pincel de tres puntas, que perdura hasta el primer tercio del siglo XVII. Hacia el tercer cuarto del siglo XVI aparece una nueva serie dorada fuertemente inspirada en Manises y muy parecida a la loza dorada de Muel, con predominio de motivos florales. En las últimas décadas del siglo XVI llega la influencia italiana, que se mezcla con los motivos "mudéjares" propios de Manises dando lugar a las típicas producciones "catalanas" plenamente diferenciadas ya de las aragonesas o valencianas: querubines, testas de turcos, aves, mamíferos, motivos heráldicos, etc. Según Lluïsa Vilaseca, autora de una tesis sobre la loza dorada de Reus, se trata de la "típica" producción de Reus, pero los estudios actuales demuestran que idénticas decoraciones fueron empleadas en Barcelona por sus escudilleros, algunos de los cuales llevan los mismos apellidos que los de Reus, lo cual demuestra una relación de parentesco innegable.
loza azul de influencia renacentista italiana (monocroma o con incorporación de color amarillo, verde, ocre y, a veces, morado), con motivos parecidos a los de la loza dorada coetánea y con la incorporación de decoraciones inspiradas claramente en la loza ligur. También se detectan influencias de las producciones italianizantes de Talavera. Hacia mediados del siglo XVII predominan claramente las producciones monocromas azules. Cronología de esta producción: hacia 1600- 1660.
loza azul tardorenacentista y barroca, de influencia italiana (hacia 1660 - siglo XVIII). Se suceden y se sobreponen simultáneamente producciones en loza azul sobre un fondo muy blanco, caracterizadas por una decoración mucho menos densa que las de la primera mitad del XVII. Empiezan con la llamada producción de "Poblet" caracterizada por la decoración a base de orlas de semicircumferencias concéntricas; siguen luego las producciones ya propiamente barrocas inspiradas en la obra de Savona (platos decorados com diferentes tonos de azul): series de "transición" (siglos XVII-XVIII), de "faixes o cintes" i de la "butifarra". En la segunda mitad del siglo XVIII llegan más influencias ligures (orlas a base de “puntos”)
loza policroma. Reaparece la policromía con mucha fuerza en las producciones de Lleida y también en Barcelona. Hacia el segundo tercio del siglo XVIII la influencia ligur da nueva vida a las producciones policromas catalanas inspiradas en la conocida serie de los "centi uccelli", hasta inicios del siglo XIX.
loza azul de influencia francesa (Moustiers y Alcora)
azulejos azules o policromos tardíos (siglo XIX), primero pintados a mano y luego con estarcidos. Son innumerables los motivos decorativos, pero se trata de piezas de loza elaboradas seguramente cuando ya no existía una producción de vajilla de mesa y cuando seguramente el gremio de escudilleros de Barcelona había dejado de existir. La producción de loza pasó a manos de particulares que la fabricaron industrialmente en fábricas instaladas en los alrededores de Barcelona, destacando Esplugues de Llobregat

LAS PRINCIPALES FORMAS DE LA LOZA BARCELONESA

a) vajilla de mesa: platos, escudillas, lebrillos, aceiteras, saleros
b) tarros de farmacia: grandes, medianos y pequeños (pindolers)
c) piezas "de forma": aguabenditeras, botijos, maceteros, lamparillas de aceite, escupideras, aguamaniles,
e) azulejos decorados

domingo, 27 de septiembre de 2009

Un balcó obert a tothom. Un balcó abierto a todos

Bloc personal de Josep Antoni Cerdà, dedicat a divulgar i a compratir els coneixements sobre el món de la ceràmica d'època moderna.